Buenas tardes de sábado. Hoy, no hay juego de ingenio, no hay reflexiones profundas, no hay chistes ni juegos. Hoy sólo escribo para compartir lo que estoy pensando en este mismísimo momento, aunque sea bardero, aburrido, o irrelevante. Sólo porque se me ocurrió.
¿Por qué querrías leerlo? ¿A quién le puede importar lo que alguien esté pensando cada minuto del día? ¿Quién quiere leer palabras sueltas, sin razón, motivo o temática? Ah,… muchísima gente. Bienvenido a un mundo en el que existe Twitter.
Epa, epa, epa, alto: no te quejes todavía. Yo también tengo muchos contactos en Twitter cuyos tweets suelen traer cosas interesantes, y/o que disfruto leer. Pero son los menos, y tuve que quitar de en medio a docenas de personas que me atiborraban la portada con perlas de la información como “mmm risotto” (sic).
Twitter tiene muchos usos. Se pueden poner links, imágenes, se pueden dar noticias, etc. Es una joya para las relaciones públicas. No voy a hablar de esos aspectos, sino del uso más común: comunicar ocurrencias del instante, a montones de personas a la vez, en menos de 150 caracteres. Millones de personas alrededor del mundo son fanáticas de esta posibilidad que Twitter trajo al tablero de juegos de Internet. Y ahora, dejo de dar vueltas alrededor del punto:
Twitter es el medio de comunicación más retorcido jamás creado por el hombre.
Twitter se trata de mí, de mi necesidad imperativa de decir algo en voz tan alta que lo escuchen tantas personas como sea posible, de cómo no me interesa si me contestan o no, se trata de mí diciendo algo de una insignificancia tan abrumante que tiene que entrar siempre en menos de 150 caracteres.
En Twitter no me comunico con la gente, le comunico a la gente. Hasta el símbolo que se usa para enviar un mensaje a alguien significa en inglés que no me interesa la opinión del otro, pero después de todo, ¿porqué me interesaría? Si en Twitter no tengo amigos, ni colegas, ni interlocutores: tengo seguidores.
Twitter es tan, pero tan público que nada que diga puede ser muy íntimo. No importa: en Twitter soy mi imagen pública, soy una persona con seguidores ávidos que se conectan a diario para leer las estupideces más extravagantemente intrascendentes que a mí se te ocurran. Mejor si es más público.
En Twitter cometo errores de ortografía, cometo burradas gramaticales indignas de un nene de sexto grado. Es necesario: tengo que ahorrar caracteres porque, como mi tweet tiene un mínimo de contenido relevante, me tomó más de veinte palabras y el sistema no me permite semejante lujo.
En Twitter soy como Brad Pitt, o Jennifer Aniston. Mi vida semiprivada puede estar al alcance de todos mis seguidores. Siempre hay alguien al que puede interesarle, y si no lo hay, bueno, no lo voy a pensar: estaría meando fuera del tarro porque acá se trata de lo que yo quiero decir.
… arf, arf, arf… déjenme tomar aire…
¿A dónde voy con todo esto? Voy a que Twitter es un medio escencialmente egocéntrico, es sistemáticamente dañino para el lenguaje y consume tiempo que podría estar mucho mejor invertido. Es maligno. Es contraproducente. Y encima de todo, es… tremendamente popular. Bah.
¡Saludos!
PD: a mí sí me interesa tu opinión. ¡Te invito a que comentes!


